Niños de Bolivia

Niños de Bolivia

Descubriendo los derechos infantiles en Bolivia

Bolivia aun ahora es uno de los países más pobre de Latinoamérica, esta pobreza extrema, sobre todo en el área rural afecta de formas diferentes a los grupos, siendo los más vulnerables las niñas, niños y mujeres que pertenecientes a los pueblos autóctonos.

Según el Censo de Población y Vivienda en Bolivia existen más de 4 millones de niños y adolescentes que representan el 44 por ciento de la población del país.  A pesar de su importancia poblacional siguen siendo un sector vulnerable por múltiples factores. Entre ellos, la pobreza que afecta su calidad de vida, el acceso al agua potable, a la educación, la falta de políticas que garanticen el cumplimiento de los lineamientos establecidos en la Constitución y el nuevo Código sobre la niñez.

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Índice de Cumplimiento de los Derechos del Niño 6.99/10
Nivel rojo: Situación difícil

Población : 10,67 millones
Pob. de 0-14 años : 44,8 %

Esperanza de vida: 67,3 años
Mortalidad – de 5 años: 31 ‰

Principales problemas que afectan a los niños en Bolivia:

Pobreza

Bolivia aun ahora es uno de los países más pobre de Latinoamérica, esta pobreza extrema, sobre todo en el área rural afecta de formas diferentes a los grupos, siendo los más vulnerables las niñas, niños y mujeres que pertenecientes a los pueblos autóctonos.

Según el Censo de Población y Vivienda en Bolivia existen más de 4 millones de niños y adolescentes que representan el 44 por ciento de la población del país.  A pesar de su importancia poblacional siguen siendo un sector vulnerable por múltiples factores. Entre ellos, la pobreza que afecta su calidad de vida, el acceso al agua potable, a la educación, la falta de políticas que garanticen el cumplimiento de los lineamientos establecidos en la Constitución y el nuevo Código sobre la niñez.

Bolivia es el país que más pueblos autóctonos tiene en Latinoamérica, en su gran mayoría estos pueblos se enfrentan a la desigualdad social y son considerados como los grupos vulnerables que más violaciones de derechos humanos sufren.

Los niños y niñas indígenas son los primeros en querer mejorar su condición de vida, no solo para ellos sino para toda su familia, pero sus oportunidades se ven limitadas por las inadecuadas infraestructuras escolares, la falta casi total de material educativo, áreas de esparcimiento y recreación.

El consumo excesivo de alcohol y la violencia derivada del mismo ha sido un problema a lo largo de su vida, la alimentación es muchas veces insuficiente y no cuentan con infraestructuras mínimas de salud, por poner un ejemplo, en muchos casos el acceso a los hospitales cercanos es por vía fluvial.

Salud

Si bien se están realizando legislativos a favor de la niñez sobre todo en educación y salud todavía queda mucho camino a seguir, el programa “desnutrición cero” establece como prioridad la disminución de la mortalidad infantil, sobre todo en el área rural, reducir el riesgo de contraer VIH – SIDA en adolescentes y  disminuir la desnutrición principalmente en niños y niñas menores de cinco años, con énfasis en el menor de dos años, mujeres gestantes y lactantes, mediante la provisión de alimentación complementaria, atención prioritaria de enfermedades prevalentes, acciones de movilización, educación nutricional y promoción de soberanía alimentaria.

Sin embargo Desde hace varios años el porcentaje de mortalidad neonatal se mantiene sin ningún cambio como una de las principales causas de muerte de los menores de cero años y según el informe del Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa), difundido en 2014 el 18 por ciento de las adolescentes de entre 15 y 18 años han sido madres.

Educación

El año 2006 el gobierno de Bolivia creo el bono Juancito Pinto (se trata de una transferencia monetaria anual condicionada destinada a los niños y niñas), entre sus objetivos está el incrementar la inscripción escolar y reducir la deserción, así como disminuir la pobreza. Pretende aliviar los costos indirectos de la educación pública, tales como el transporte y los útiles escolares.

Destinada a los niños y niñas que cursan los ocho primeros cursos del sistema educativo, seis de ellos correspondientes a nivel de primaria y los dos primeros cursos de secundaria de las unidades educativas estatales de todo el país.

El año 2010 se promulgó una nueva ley de educación “Avelino Siñañi”  que pretende adaptar y mejorar el sistema educativo a través de la valoración y respeto recíproco de las culturas y potenciando los saberes, conocimientos e idiomas de los pueblos indígenas sin desconocer el conocimiento universal.

Sin embargo y a pesar de todos estos cambios, hoy en día existen importantes desigualdades, entre las zonas rurales y urbanas, entre las personas indígenas y no indígenas y entre hombres y mujeres.

Según los últimos datos una niña indígena en una zona rural solo completa dos años de educación, mientras que un niño no indígena en la zona urbana completa en promedio 14 años de educación, llegando a niveles de educación superior.

La  migración por pobreza rural hacia las ciudades se ha convertido en una nueva fuente de desintegración familiar, los niños, obligados por la situación de violencia o pobreza dentro del hogar abandonan sus viviendas para vivir en las calles, lo que vuelve a este tema como uno de los más complejos a solucionar, no solo implica una ruptura del espacio tradicional de desarrollo del niño, la familia la escuela, sino además una desestabilización en las bases del país.

Los niños de calle constituyen una población altamente vulnerable a sometida a  riesgos como la explotación laboral, consumo de alcohol y drogas, delincuencia, trata y tráfico de personas, violencia sexual comercial y otros tipos de violencia.

La migración por pobreza rural hacia las ciudades se ha convertido en una nueva fuente de desintegración familiar, los niños, obligados por la situación de violencia o pobreza dentro del hogar abandonan sus viviendas para vivir en las calles, lo que vuelve a este tema como uno de los más complejos a solucionar, no solo implica una ruptura del espacio tradicional de desarrollo del niño, la familia la escuela, sino además una desestabilización en las bases del país.

Los niños de calle constituyen una población altamente vulnerable a sometida a  riesgos como la explotación laboral, consumo de alcohol y drogas, delincuencia, trata y tráfico de personas, violencia sexual comercial y otros tipos de violencia.

En julio de 2014 el reelecto vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera adopto una nueva ley sobre la niñez en el país, esta ley permite desde ahora trabajar a los niños a partir de los 10 años, la anterior legislación ponía un límite de 14 años,  volviendo a Bolivia el primer país en legalizar el trabajo infantil a tan temprana edad, lo que viola muchos de los convenios internacionales firmados por el país.

Según las últimas estadísticas se conoce que por lo menos 27 % de los niños y adolescentes entre 5 y 17 años ocupan una actividad económica por lo menos una hora a la semana y que un 26.7%  de niños menores de 14 años realizan trabajos peligrosos ya sea por su naturaleza o por su condición, como por ejemplo el trabajo al interior de las minas.

Entre los hogares pobres las evidentes privaciones para la subsistencia familiar son la razón por la que los niños se ven obligados a insertarse en el mercado de trabajo a tan temprana edad, no es solo cuestión de trabajo sino de dignidad, aumentar la calidad de vida. Siendo esta la justificación del gobierno para el cambio en la legislación.

Lamentablemente en el país no se cuentan con cifras actualizadas, pero según los últimos reportes el ochenta y tres por ciento de los niños, niñas y adolescentes son castigados física y psicológicamente lo que significa que tres de cada diez niños son víctimas de maltrato psicológico y seis de cada diez de maltrato físico y uno de cada cuatro de violencia sexual.

Siendo la mayor parte de ellos en el seno de la familia o en los lugares de trabajo, lo que dificulta la protección de las autoridades, ya que, la mayoría de las veces los hechos no son denunciados, estudios realizados en el país muestran también que el nivel de violencia ejercida depende de nivel de educación que recibieron los padres.

En el país  los padres consideran que para criar o educar de manera adecuada a un niño es necesario apelar al castigo físico, lo que deriva a la larga en los altos porcentajes de violencia intrafamiliar, casi la mitad de las niñas de 15 y 19 años de todo el mundo creen que en algunas ocasiones se justifica que los maridos o las parejas íntimas golpeen o agredan a sus cónyuges.