Niños de Singapur

Niños de Singapur

Descubriendo los Derechos del Niño en Singapur

A primera vista, Singapur constituye un lugar ideal para criar a un niño: es uno de los países más creativos y más desarrollados de Asia. Cuenta con un sistema sanitario avanzado, el índice de alfabetización es muy elevado y hay tribunales juveniles. Sin embargo, este panorama no está tan cerca de la perfección como uno podría pensar. Singapur todavía carece de algunas cosas en relación con los derechos del niño, principalmente en relación con el trabajo infantil, la educación y la justicia juvenil.

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Índice de Cumplimiento de los Derechos del Niño : 8.39 / 10

Nivel amarillo: Situación satisfactoria

Población: 5,46 millones
Pob. 0-14 años : 13,6 %

Esperanza de vida : 82,3 años
Mortalidad – de 5 años : 2‰

Principales problemas que afectan a los niños en Singapur:

Trabajo infantil

Aunque Singapur ha ratificado partes del Convenio de la Organización Internacional relativo al trabajo infantil, aún queda mucho trabajo por hacer.

Si bien es cierto que la mayoría de los niños y jóvenes están escolarizados o reciben algún tipo de formación formal, algunos no tienen esa suerte y deben trabajar para ayudar a mantener a sus familias. En efecto, para la mayor parte de los ciudadanos ha tenido lugar un aumento en los ingresos, lo que ha conducido a una rápida disminución de los niños que necesitan trabajar. Pero esto no ha erradicado el problema.

Además, a pesar de que Singapur ha aumentado la edad mínima para trabajar de 12 a 13 años, el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas considera que esta edad sigue siendo muy temprana. De hecho, es menor que la edad del niño durante su último año de educación obligatoria (14 años).

Los niños que trabajan provienen sobre todo de familias pobres; la pobreza es una de las causas más habituales del trabajo infantil. A menudo, pertenecen a clases sociales «bajas» o a grupos minoritarios. Estos niños casi siempre trabajan en sectores poco evolucionados tecnológicamente, en concreto, en aquellos que requieren más mano de obra.

Pobreza

Singapur es conocido en todo el mundo y con frecuencia se destaca como ejemplo de éxito económico extraordinario. Es famoso por haberse convertido, pese a tener escasos recursos naturales y a sus problemas socioeconómicos (revueltas raciales, desempleo masivo, dificultades de vivienda, etc.), en uno de los países más desarrollados y prósperos del mundo. No obstante, al igual que ocurre en todas las sociedades, la pobreza también existe.

Las familias con bajos ingresos tienen dificultades para criar a sus hijos, y en ocasiones son víctimas de abuso o reciben un trato inadecuado.

La pobreza tiene un impacto significativo en las vidas de los niños, pues a menudo no gozan de buena salud y es menos probable que accedan a la educación superior.

Salud

Singapur ha invertido de forma considerable en sus servicios sociales, y esto queda patente en el funcionamiento de su sistema sanitario (así como de su sistema educativo, véase más abajo).

Los sistemas de suministro de agua y de saneamiento cubren el 100% de la ciudad estado. Según la Organización Mundial de la Salud, la tasa de mortalidad infantil es mínima, con solo 3 muertes por cada 1000 nacimientos en 2009. La esperanza de vida continúa aumentando y alcanzó los 83,7 años en 2011.

Aun así, Singapur es un Estado donde la disciplina es omnipresente. Esto ha dado lugar a una competitividad inherente y parece ser un motivo de suicidio entre los niños. De hecho, un estudio realizado en 2009 por los médicos de la Unidad de Salud Mental del Hospital Woodbridge de Singapur, en el que se examinó a 600 niños, indicó que el 22% de los niños con edades comprendidas entre 6 y 12 había pensado en suicidarse.

Al igual que ocurre en muchos países desarrollados, la tasa de obesidad ha alcanzado un nivel elevado entre la población de Singapur. Se lanzó un programa para lograr que los niños coman bien y cuiden su bienestar a través del deporte.

Justicia

A pesar de que el país cuenta con el marco legal para la protección de los derechos del niño, aún es necesario seguir avanzando.

Según las observaciones realizadas en 2011 por el Comité de los Derechos del Niño de las Naciones Unidas, la edad mínima de responsabilidad penal sigue siendo relativamente alta pues está fijada a los 7 años.

En consecuencia, los niños de entre 7 y 16 años pueden sufrir castigos corporales, golpes o aislamiento. Los niños menores de 18 años también pueden ser condenados a cadena perpetua.

Otro traspié del sistema judicial juvenil en Singapur, y relativamente nuevo, es que los niños entre 16 y 18 años siguen siendo juzgados como adultos en los tribunales.

El Comité también se mostró preocupado por casos donde niños menores de 8 años podían ser enjuiciados tras una denuncia de sus padres.

Educación

El sistema educativo de Singapur se considera uno de los mejores de la región. De hecho, las instalaciones educativas en Singapur han mejorado drásticamente desde que el Estado se independizó. La reestructuración de la educación primaria y secundaria, junto con la introducción de un sistema de formación profesional, permite que los niños prosigan su educación hasta los 16 años. La educación primaria es gratuita para todos los niños singapurenses y la matriculación de las niñas, al igual que la de los niños, es del 100%.

No obstante, esta imagen cercana a la perfección esconde algunos aspectos más oscuros, relacionados con la disciplina, la discriminación y el derecho a la libertad de expresión.

En los colegios, se practica el castigo corporal (especialmente con los chicos). Este tipo de prácticas es difícil de controlar y de medir. La ley sobre la regulación de los colegios permite el castigo físico en las palmas de las manos o en las nalgas a fin de corregir el comportamiento, sobre todo en el caso de los chicos. Estos tipos de castigo corporal se utilizan en centros de desintoxicación, de detención y en escuelas militares, en las que todos los chicos reciben formación obligatoria durante dos años.

Por desgracia, aún persisten algunas formas de discriminación, en especial contra las chicas, los niños con discapacidad y los que no son ciudadanos de Singapur. La información sobre los niños con discapacidad es muy limitada y de difícil acceso. La situación de estos niños resulta especialmente preocupante, sobre todo la de los mayores de 6 años, pues la educación obligatoria no parece incluirlos, al igual que ocurre con los niños inmigrantes.

Otro problema radica en el derecho de los niños a expresar sus opiniones. El Gobierno recurre a la disciplina, lo que no alienta a los niños a expresar sus propias ideas, sino a reforzar su sensación de padecer un hostigamiento constante.

Cada vez hay menos niños

A pesar de las políticas en pro de la natalidad que se lanzaron a principios de los años 80, y destinadas a combatir el envejecimiento de la población, la tasa de natalidad en Singapur sigue siendo una de las más bajas en todo el mundo. (1,2 hijos/mujer en 2011).

Se han adoptado diversas medidas para animar a las parejas a tener más hijos.

Por ejemplo, se lanzó una campaña para intentar remediar la situación. Asimismo, el Gobierno, que quiere erradicar este problema a toda costa, ha creado un servicio de citas y un programa llamado Baby Bonus, destinado a alentar a las parejas a que tengan más hijos. A través de este programa, las parejas pueden recibir una bonificación de entre 5.000 y 6.000 dólares por cada hijo.

Además, también se ofrecen incentivos fiscales e inscripciones prioritarias en los colegios para animar a las mujeres con estudios a tener más hijos.

Derecho a la protección

Algunas decisiones, como la de mandar niños a trabajar como empleados domésticos con otras familias sin pedir siquiera su opinión, no se toman pensando en el interés exclusivo e inmediato del niño. Su derecho a una protección no es respetado.