Niños de Brasil

Niños de Brasil

Descubriendo los derechos infantiles en Brasil

El balance de Brasil en materia de los derechos humanos ha mejorado bastante en muchos aspectos desde el fin del régimen militar. A pesar de todo, la situación de los niños está lejos de ser ideal. Éstos, a menudo, deben enfrentarse a crueles dificultades que les impide crecer en condiciones estables y apacibles.

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Índice de Cumplimiento de los Derechos del Niño : 7,66 / 10

Nivel naranja: Problemas sensibles.

Población : 201 millones
Pob. de 0-14 años : 24,2 %

Esperanza de vida: 73,8 años
Mortalidad – de 5 años: 16 ‰

Principales problemas que afectan a los niños en Brasil:

Pobreza

En Brasil, aproximadamente un cuarto de la población vive por debajo del umbral de la pobreza. En este país, el 80 % de la población vive en las zonas urbanas. Y es en estos lugares que aparecen grandes injusticias entre los “ricos” que viven en barrios bonitos y los “pobres” que viven en las favelas (asentamientos).

Las dos “categorías” de población viven a pocos metros uno del otro. Sin embargo, si se les colocara en una escala de confort y de condiciones de vida, se encontrarían en dos extremos. Los niños de las favelas confrontan diariamente problemas de salud, alimentación, acceso al agua, educación y violencia.

Derecho a la salud
La salud en Brasil es influenciada considerablemente por la falta de viviendas para personas de escasos recursos. Las familias que pertenecen a esta categoría se ven obligadas a vivir en zonas marginales donde la suciedad, la insalubridad y la falta de higiene son fuente de muchas enfermedades e infecciones. Además, el personal médico a veces duda en visitar estos barrios de altos riesgos, por los niños y madres embarazadas muy enfermos que viven ahí.

Brasil ha realizado numerosos esfuerzos para luchar contra el virus del SIDA durante estos últimos años, y así ha servido de ejemplo para sus vecinos. Sin embargo, el combate aún no ha terminado. Los medicamentos y los tratamientos contra el VIH, por ejemplo, siguen siendo escasos en el país.

Además, aunque no sea uno de los más altos en el mundo, la tasa de mortalidad infantil aún es preocupante.

Trabajo infantil
El trabajo infantil todavía no se erradica en su totalidad en Brasil. Éstos son empleados especialmente en los medios agrícolas, y más particularmente en las plantaciones de caña y en las minas carbón. Los menores de 15 años representan el 25 a 30% de la mano de obra en los campos brasileños.

En la costa, muchos niños también trabajan como pescadores.

En cuanto a las jóvenes, son a menudo empleadas como domésticas. Se estima así más de 480,000 el número de niñas domésticas en Brasil.

Matrimonio infantil
Una encuesta reveló que el 36 % de las jóvenes brasileñas contraen matrimonio antes de los 18 años.

Estos matrimonios tienen graves consecuencias en la salud de las jóvenes, ya que no están psicológicamente preparadas y no comprenden todas las obligaciones y las consecuencias que conlleva un matrimonio. También, a menudo son violadas durante la luna de miel y son víctimas de violencias sexuales.

Violencia contra los niños
El norte de Brasil es conocido por su pobreza. En esta región, los niños viven a menudo en la calle y confrontan violencia todos los días. Su ambiente es deplorable: tráfico infantil, droga, prostitución, trabajo, mendicidad y explotación sexual forman su vida diaria.

En el entorno del territorio brasileño, los mismos incumplimientos graves en los derechos y en la protección, afectan a los niños huérfanos. En efecto, en este país se estima 3,2 millones el número de niños huérfanos que se encuentran en general en la calle que afrontan la violencia y la crueldad con que se les castiga.

En las favelas, la violencia es más problemática que en otros lugares. Las poblaciones viven bajo amenaza constante de los narcotraficantes que dirigen estos barrios. Las confrontaciones entre pandillas y fuerzas de policía son frecuentes y son acompañadas de violentos tiroteos. Así, un gran número de niños se exponen a un riesgo físico y mental, a un trauma psicológico extremo, debido a prolongados tiroteos y la intensidad de las violencias.

Explotación sexual infantil
En Brasil, la explotación sexual en los niños es muy real. Desafortunadamente, los jóvenes brasileños víctimas de violencias sexuales no siempre son escuchados y los autores a menudo quedan sin castigo.

Además, el comercio del sexo ha evolucionado en estos últimos tiempos, cada vez más vía Internet. El carácter virtual de éste le hace difícil para las autoridades investigar y suprimir este crimen.

Violaciones, prostituciones y trata de niños causan estragos – la explotación sexual sigue siendo uno de los mayores problemas del país.

Además del comercio sexual, los narcotraficantes que reinan en las favelas utilizan asimismo a los niños. A veces de tan sólo 5 años, ellos sirven de mensajeros entre distribuidores; lo que los familiariza, como resultado, con los pandilleros desde temprana edad.

Niños autóctonos
Gran parte del territorio brasileño está cubierto por el bosque amazónico, territorio en el cual hay pueblos con derechos violentados y sin reconocer, donde los niños no son protegidos y están amenazados sin cesar.

Tal es el caso, por ejemplo, en la comunidad de Laranjeira Ñanderu que cuenta alrededor de 85 niños. Los habitantes se alojan ahí en refugios de miseria y viven en condiciones de vida deplorables. Son amenazados y acosados sin parar por las autoridades que tientan cazarlos.

Muchas de estas personas son expulsadas violentamente de sus tierras. Así pues, son obligados a dejar sus pertenencias, las cuales son quemadas.

Los niños presentes se encuentran así sin habitaciones y sin ninguna protección. El ser “niños sin tierra” los hace presa de criminales sin escrúpulos. Muchos de ellos sufren violencias sexuales, discriminaciones, y son involucrados en el tráfico de droga. Perdidos en un nuevo ambiente malsano y dudoso, tienen que trabajar para sobrevivir, pero desafortunadamente las areas de trabajo que se les ofrecen son muy crueles: prostitución, comercio ilegal de drogas, y explotación.

Los pueblos autóctonos y sus niños se encuentran privados de derechos fundamentales tales como la seguridad, la salud, la comida, la educación y la protección.

Protección policial y judicial de los niños
La policía brasileña es el más grande terror de los niños en la calle. Algunos dicen que la vida en la calle es un paraíso en comparación a la de los detenidos. En efecto, es bastante frecuente que la policía recurra a la violencia, particularmente en las favelas. Muchas de las operaciones policiales y militares llevadas en las calles de los barrios pobres contra las pandillas, acarrean la muerte de muchas personas incluyendo niños. Durante estas operaciones, las autoridades descuidan el bienestar y la seguridad de la población y exponen así a los niños a una cruel violencia.

Tal clima de inseguridad lleva a las personas a encerrarse en sus casas. Los niños ya no salen, las escuelas y las guarderías cierran y muchos habitantes son privados de electricidad. La protección de los niños que normalmente deben asegurar las autoridades de seguridad nacional, se sustituye por violencia, peligro y una falta de respeto a los derechos infantiles. Además, encuestas revelan que estas dichas operaciones de “seguridad” no tienen ningún impacto positivo en la seguridad de estos barrios.

Sucede también que las autoridades deciden vaciar categóricamente a estos barrios, lo cual provoca motines muy violentos. Las familias expulsadas y particularmente los niños, se encuentran carentes de agua, aseo, comida, electricidad. Los niños son sacados de las escuelas, mientras que el acceso a los cuidados de salud les es rechazado. El 24 agosto, por ejemplo, alrededor de 500 familias fueron expulsadas de sus viviendas en el Sur de São Paulo. Ellas acabaron viviendo bajo lonas de plástico, frente de su territorio anterior.

La justicia también es vista negativamente en Brasil. Torturas, ejecuciones extrajudiciales y desapariciones forzadas no son poco comunes. Ni si quiera los menores son exentos de las condiciones deplorables de los detenidos.